Dicen que el amor no tiene nacionalidad, religión, ni etnia; que no tiene límite de edad ni género y que, en definitiva, ¡no conoce fronteras! Al vivir en el exterior, es común escuchar historias de parejas transculturales, o incluso aquellas en las que el amor fue la causa para salir del país de origen. En honor al Día de amor y amistad en Colombia, hablamos con 3 colombianos en el exterior que tienen parejas de otras nacionalidades y accedieron a contarnos lo bueno, la malo y lo feo de las relaciones interculturales y cómo superar las dificultades.

¡La traga! Lo bueno de estar en una relación con un extranjero

Andrea conoció a su esposo en un bar de Bogotá, en una cita doble a la que ni siquiera quería ir. Pero no solo terminó casándose y mudándose a los Estados Unidos, sino que hoy cuenta sus historias desde Seúl, en su blog A Colombian Abroad. “Casarte con alguien de una cultura diferente abre tu mente a nuevos puntos de vista. ¡Es como viajar al exterior sin salir de casa! Pruebas platos nuevos, celebras festividades diferentes a las tuyas, y te das cuenta que lo que haces y la manera en la que vives, es solo una de muchas formas de hacerlo”. Nuestros entrevistados coinciden en que el intercambio cultural es enriquecedor y mucho más profundo cuando se tiene una pareja de otra nacionalidad; además, es de doble vía y ofrece la posibilidad de adquirir una perspectiva diferente frente a la vida.

Andrea y Brendon se casaron en Cartagena, en una ceremonia “a lo colombiano” con sus amigos y familiares. ¡Y hasta hora loca tuvieron” No se pierdan sus historias en su blog “A Colombian Abroad”

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La exposición a un nuevo idioma y una mirada más local sobre la cultura, influyen directamente en la integración al nuevo país. Este aspecto es clave para Pablo, un colombiano en México que emigró por trabajo y está, literalmente, enamorado del país: “Es una enseñanza más especial porque con una pareja compartes más tiempo que con los amigos. Al final, uno termina queriendo mucho esa segunda patria; cuando interactúas, pruebas, miras, conoces, adquieres un sentimiento patrio como si esa fuera tu casa… ¡Sin dejar de lado las raíces colombianas, porque uno también enseña cosas de su país y se vuelve un tema de conversación muy chévere entre ambos!”.

Para Daniel, colombiano en Australia, la ventaja más grande es tener la posibilidad de mostrarle su cultura a su esposo Jhon, desde el punto de vista del amor: “lo pasionales que somos, la alegría con la que vemos la vida… Y a la vez tengo la oportunidad de aprender cómo aman otras personas y otras culturas. Los australianos son un poco más fríos, entonces en este caso nuestra diferencia se convierte en una balanza que le da un punto de equilibrio muy bonito a la relación, porque mientras uno da, el otro recibe. Es un proceso de aprendizaje mutuo y constante. Todos los días aprendo algo nuevo de su cultura y yo enseño algo de la mía”.

Lo malo y lo feo… Cuando la cosa se pone difícil

Las diferencias y desacuerdos en la pareja son situaciones normales, incluso cuando se dan entre personas de la misma nacionalidad, pero tienden a acentuarse en parejas provenientes de diferentes culturas. Según la psicóloga Cristina Rubín de Celis, éstos se manifiestan por la “diversidad de creencias religiosas, de costumbres, de dieta, de lenguaje, en el manejo y gusto por el arte, en la música, en la estructura social, en la literatura, y a través de diversos otros tipos de relaciones con y en la sociedad”, que pueden afectar positiva o negativamente la relación según cómo se maneje cada situación. Para los colombianos en el exterior, existen dos aspectos principales que pueden generar dificultades en sus relaciones: la diferencia de idioma y la forma de demostrar afecto.  

Andrea: “Casarse con alguien de una cultura diferente es aprendizaje constante y tiene sus retos. Probablemente tendrás que adquirir nuevas costumbres de vida y ceder en numerosos aspectos.”

Daniel opina al respecto: “Una de las barreras más grandes es el lenguaje, no para el amor porque siento que el amor es un idioma universal, pero cuando llega el momento de resolver conflictos es un poco complicado argumentar y discutir y defender sus ideas sobre todo cuando está agitado y con emociones fuertes. El idioma también puede generar conflictos y malentendidos, pero yo creo que en general es una oportunidad para ver el mundo de otra manera y para mostrar uno desde su corazón quién es, sus valores, sus raíces y su cultura”. Andrea coincide en este punto: “el idioma entra en la categoría de lo bueno y de lo malo al mismo tiempo. Bueno porque creo que no hay mejor incentivo que aprender un idioma que teniendo una relación romántica con alguien que sea nativo en aquel idioma. Malo porque muchas veces es difícil hacerse entender; especialmente cuando quieres hacer alguna broma ¡o cuando estás enojada!”

Para Pablo, por el contrario, las diferencias son más marcadas en cuanto a los estilos de vida y las expectativas de cada uno: “A pesar de que Colombia y México son dos culturas muy afines porque hablamos el mismo idioma y porque somos latinos, hay unas diferencias radicales cuando hablamos de la crianza y los valores con los que crecimos. Uno va adquiriendo un estilo de vida que a veces no es acorde al de muchos extranjeros y ahí se produce un choque cultural complicado. Personalmente, encuentro que aquí la gente se quiere casar muy joven y formar familias rápidamente, mientras yo pienso más en conocer esta cultura, compartir, pasear…” Las diferencias entre los roles de género, el protocolo dentro de la relación y el peso que le dan a la religión algunas familias mexicanas, también han sido puntos de desencuentro en la experiencia de Pablo.

Las manifestaciones de afecto también pueden representar una diferencia muy marcada en las relaciones amorosas entre colombianos y extranjeros. “Nosotros somos más expresivos, cuando nos vemos nos queremos abrazar, en nuestra cultura es muy importante demostrar los sentimientos con palabras y caricias”, dice Pablo. Mientras Andrea resalta un punto muy importante dentro de todo este análisis: “Hay un aspecto confuso en este tipo de relaciones, porque a veces no sabes si las diferencias entre tú y tu pareja son culturales o personales, así pues terminas preguntándote mil veces si es que así son todos los de su cultura, o si es solo tu pareja en particular”.

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Consejos para tratar las diferencias culturales en una relación de pareja

Para Andrea, Daniel y Pablo, los puntos clave para superar los aspectos negativos de las diferencias culturales en sus relaciones, son el diálogo y la búsqueda del equilibrio. Para la experta Cristina Rubín de Celis, el respeto y aceptación del otro son herramientas básicas: “La base del respeto y de la aceptación hace que tengamos la capacidad de adaptación, por lo tanto mediante la comunicación clara y el diálogo consensual se puede llegar a acuerdos e incluso negociaciones”, explica. “Cuando no se puede llegar a un acuerda, lo ideal es que la pareja busque la intervención de un mediador, que podría ser un terapeuta familiar, quien está capacitado para ser neutral ante esta situaciones de conflicto”.

Comunicación: “En toda relación la comunicación es vital, pero es aún más vital en una que es interracial. ¡De allí que lo del idioma sea un extra desafío! Es necesario poner en claro no solo las diferencias personales sino también las culturales; ideales políticos, familiares y religiosos”, aconseja Andrea. Ante las dificultades de comunicación recomienda: “aprende del pop culture del país de tu pareja y de ciertos refranes comúnmente usados y que no tienen traducción. Ello te dice mucho acerca del humor de su cultura, sus gustos y su forma de pensar”.

“Hay que llegar a un punto medio para que haya un entendimiento, eso es lo que hemos tratado de hacer”. Pablo y su novia en Guadalajara.

Negociación: Pablo opina que hay que llegar a un acuerdo: “Hay cosas de el “ser” de cada uno que no pueden ser cambiadas y no se puede obligar al otro a hacer algo que no le sale del corazón; pero hay que llegar a un punto medio para que haya un entendimiento, eso es lo que hemos tratado de hacer”.

Andrea también resalta la importancia del compromiso: “Ten en cuenta que aunque al principio de la relación todo te parecerá emocionante, novedoso, divertido y sentirás muchas mariposas en el estómago, casarse con alguien de una cultura diferente es aprendizaje constante y tiene sus retos. Probablemente tendrás que adquirir nuevas costumbres de vida y ceder en numerosos aspectos”.  

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Como Daniel, Andrea y Pablo, son muchos los colombianos en el exterior con historias de amor intercultural, como este relato de la primera vez que esta paisa visitó Israel para ver al amor de su vida, o el doble matrimonio de esta colombiana con un brasilero. ¿Qué te parecieron estos relatos y consejos para tratar las diferencias culturales en una relación? ¡Déjanos los tuyos en un comentario y cuéntanos tu historias de amor! Feliz Día del Amor y la Amistad para todos los colombianos en el exterior.

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