Martica -como le dicen de cariño en su casa- viaja cada dos años a Colombia; los pares, por navidad, se regala un viaje en tour con una colonia de colombianos en España. En el 2018 conoció Marruecos: “con camisetas y ponchos nos pusimos ese hotel de ruana, le pedimos al animador que nos pusiera salsa y los demás turistas -europeos, gringos, asiáticos…- acabaron bailando con nosotros. Fue una navidad muy bonita”. Este año le toca rezar la novena en su tierra, y desde enero está comprando regalos: “yo aprovecho las rebajas de todo el año para comprarles tenis a mis sobrinos, blusas a mis hermanas, bolsos a mi mamá, algún electrodoméstico, ¡todo me sale baratísimo y así los visto hasta que vuelvo!”, confiesa entre risas. 

Pero los regalos no se limitan a esa segunda maleta de 23 kilos que lleva en cada viaje; Marta mantiene sus raíces con Colombia en su vida diaria: escucha La Suegra y La ke buena en el ‘coche’ de camino al trabajo, asiste a los eventos de la embajada y se conoce todas las panaderías y restaurantes colombianos en Madrid. Tampoco pierde el contacto con su familia: habla con ellos al menos una vez por semana, les manda fotos y audios constantemente por WhatsApp, y desde el primer momento, hace 19 años, también les manda plata: pesetas primero, euros después. Con esas remesas ha ayudado a pagar los servicios, amoblar casas, comprar medicinas, pagar universidades y montar la tienda de su hermano en Pereira. 

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Como Marta, son muchos los colombianos migrantes que dejaron el país en busca de mejores oportunidades y que ayudan a sus familias, tradicionalmente desde los Estados Unidos, España, Inglaterra, Ecuador, y, recientemente, Emiratos Árabes, Argentina y Chile. A excepción de los años transcurridos entre el 2009 y el 2012, periodo de la recesión económica en Estados Unidos y la crisis en España, el flujo de dinero enviado a Colombia por los expatriados ha jugado siempre un papel fundamental en la economía del país por tres razones fundamentales: ayuda a reducir la pobreza al dinamizar el consumo, equilibra la balanza comercial -el registro de importaciones y exportaciones- y aumenta las reservas nacionales de divisas, es decir los recursos financieros con los que el país garantiza los pagos de los bienes importados, el servicio de la deuda y la estabilidad de la moneda. 

Las remesas representan el 1,7% del PIB colombiano y un 9% de los ingresos corrientes de la balanza de pagos. Esto equivale al 17% de las exportaciones totales; casi el doble de las exportaciones de café y 1,1 veces los ingresos que dejan los viajeros internacionales. Para hacerse una mejor idea, el dinero que reciben los colombianos de sus familiares en el exterior supera las ventas hacia el exterior de oro, café, flores, banano, aceite de palma, azúcar y productos químicos en conjunto.

 

¿Cómo vamos hasta ahora?

Según los informes del Banco de la República, a partir del 2016 la cifra total de remesas ha ido en aumento y ha batido récords: los US$4.857 millones dicho año se convirtieron en US$5.585,5 en 2017, ascendiendo nuevamente a US$6.325 en el 2018. Por lo observado hasta el momento, esta tendencia se mantiene y el 2019 podría cerrar con un nuevo máximo histórico de 7.000 millones de dólares, pues hasta septiembre ya se habían registrado unos US$4.993 millones, lo que se traduce en un 9,5% más con respecto al mismo periodo del año pasado. 

 

¿Por que se da ese repunte?

Las razones principales que explican este incremento son varias: la primera son los cambios en las políticas migratorias de los países desde donde se emiten las remesas, como la eliminación del visado de ingreso a turistas de la Unión Europea y el fomento de la migración colombiana hacia Chile y Canadá, países en constante búsqueda de talento colombiano y que además ofertan becas de estudio. 

El segundo motivo es el buen comportamiento económico y laboral de algunos de los países donde viven los migrantes -como la bajada del desempleo en los Estados Unidos al 3,5%, el punto más bajo de los últimos 50 años- lo cual se traduce en mayores ingresos y por consiguiente un excedente más alto a la hora de enviar dinero. De la misma forma, la situación económica local también puede influir negativamente en las remesas, lo cual se ha observado con el rápido decrecimiento del dinero enviado desde Argentina debido a los controles cambiarios del gobierno de Mauricio Macri. 

Finalmente, la devaluación del peso también es una oportunidad para las familias receptoras de dólares o euros -monedas que han alcanzado altos precios este año- pues aumentan su poder adquisitivo: recibir los mismos dólares de hace un año implica tener un 15% más de dinero en el bolsillo.

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Emisores y receptores

Estados Unidos es el primer país desde donde se envían las remesas a Colombia, con el 49% de lo registrado en el segundo trimestre de 2019. Estas mismas estadísticas sitúan a España en segundo lugar con un 15%, seguido de Chile con un 6% y Panamá con el 4%. El 26% restante lo aportan países como Australia, Argentina, Brasil, México, Alemania, Suecia y otras naciones a donde están empezando a emigrar los colombianos. 

Las remesas enviadas tradicionalmente se concentraban en los Estados Unidos y Europa, y aunque aún son las regiones desde donde se emiten el grueso de las transferencias, las últimas tendencias muestran una diversificación y la entrada de países del cono sur como Chile y Argentina. También se observa que los migrantes hacia esos países son más jóvenes y en su mayoría solteros, como demuestra la migración masiva reciente de colombianos de la zona del Pacífico hacia las zonas de Arica y Antofagasta en Chile. En relación a las generaciones anteriores de viajeros, estos giran menos dinero por persona. 

Otros datos interesantes son la edad promedio de los migrantes, que hoy en día se acerca a los 50 en los Estados Unidos, los 40 en España y los 30 en Chile, marcando las diferentes oleadas migratorias que han salido desde el país a través de los tiempos. Los analistas piensan que cuando los trabajadores de hoy se conviertan en jubilados, su disposición a enviar dinero puede disminuir, aunque hay otros que aseguran que esta puede ser una oportunidad para que éstos retornen con una mejor calidad de vida e importen sus pensiones hacia el país. Sea como sea, el flujo migratorio desde Colombia se mantiene estable y no parece que vaya a disminuir en el futuro próximo. 

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En cuanto a las regiones del país que más reciben remesas esta es la situación: en primer lugar se ubica el Valle del Cauca con un 26% del total, seguido por Cundinamarca con un 18% y Antioquia con el 17%. El Eje Cafetero también es un receptor importante, pues 1 de cada 7 pesos que se monetizan por concepto de remesas va hacia los departamentos de Caldas, Quindío y Risaralda. De estas regiones, el Valle del Cauca y el Eje Cafetero son las que más han reducido el indicador de pobreza del DANE, lo cual se relaciona directamente con el ingreso de remesas; entre 2013 y 2018 la pobreza monetaria en el país disminuyó un 11,8%, mientras en Risaralda bajó un 38,5%, en Quindío un 32,3% y en el Valle del Cauca un 25%. 

Los principales beneficiarios de estas remesas son las cabezas de hogar -en un 70% mujeres- y el tamaño promedio de la remesa es de 300 dólares, pequeño en comparación con el de otros países de Latinoamérica. 

 

¿Se están utilizando bien las remesas?

Los estudios muestran que el 94% del dinero que reciben las familias colombianas desde el exterior se dirigen al consumo inmediato: alimentación, arriendo, servicios, manutención de los hijos, salud, educación, recreación y mantenimiento del hogar. Si bien esta situación tiene un impacto directo sobre el consumo y la calidad de vida de las familias, en muy pocos casos estos recursos se proyectan hacia el futuro a través del ahorro y la inversión

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A nivel macroeconómico las remesas pueden representar un mecanismo estable para el ingreso nacional, sin embargo, para que éstas tengan un uso productivo que se traduzca en beneficios para la sociales, es necesario que los gobiernos generen políticas económicas con este fin. El economista Diego Fernando Ángel afirma que “es necesario que los sectores público, privado y no gubernamental trabajen conjuntamente para capturar una mayor fracción del mercado de Colombianos que envían remesas, reducir los costos de transacción, y fortalecer la sociedad civil colombiana en el exterior”. Dentro del mismo artículo, Ángel pone como ejemplo los programas de desarrollo que se han implementado en México a nivel municipal gracias a la alianza de asociaciones de mexicanos en el exterior y el gobierno, resultando en la construcción de vías, escuelas y centros de salud. 

A nivel familiar y personal, las remesas representan una oportunidad única para construir un patrimonio, invertir y ahorrar pensando en el futuro. Como empresa del sector privado, hecha por colombianos en el exterior para colombianos en el exterior, Viventa tiene como objetivo ayudar a los migrantes y sus familias a alcanzar sus objetivos financieros. Conocemos de primera mano el esfuerzo y valentía de los trabajadores en el exterior, pues nuestro equipo está conformado por muchos de ellos, y queremos asesorarlos para maximizar la rentabilidad de sus remesas. Si eres uno de ellos te invitamos a conocernos, te aseguramos que no te arrepentirás. 

 

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