Podemos pelear y agarrarnos de los pelos por nuestros  equipos de fútbol favoritos, por política y apuntar con el dedo a ver cuál político es más corrupto y cual no. También por los regionalismos que si los paisas, que si los costeños, que si los cachacos  etc. ¿Que quien fue primero si la gallina o el huevo? Buscamos cualquier tipo de excusas para echarnos vainas y armar polémica, pero realmente, como pasa hasta en las mejores familias, nos queremos y amamos la patria y la valoramos aún más, si vivimos en el exterior.

Vemos como los del interior quieren ir de vacaciones a Cartagena, Santa Marta o Barranquilla  y los costeños quieren ir a la capital  para estudiar en las principales universidades y  disfrutar de una ciudad con una gran variedad cultural. O qué colombiano no se siente orgulloso de los hermosos paisajes de Antioquia y el Valle. Y colombiano que se respete baila desde vallenato, salsa y merengue hasta música llanera cuando está con sus aguardienticos encima. 

Viviendo fuera del país cuando escuchamos  la música de cualquier región, se nos hace un nudo en la garganta y las lágrimas o sonrisas salen a relucir para delatar nuestros sentimientos tan fuertes por las raíces. Sobre todo conectamos cada canción con un recuerdo que nos hace volver en el tiempo y recordar cuán felices éramos con esas cosas tan sencillas, como compartir con amigos, o las reuniones familiares, salir de paseo los fines de semana a disfrutar de los aromas y sabores de nuestra Colombia.

Confesemos renegamos un montón de veces del país y cuando estamos lejos no existe un deseo más profundo que es el de regresar algún día, así sea, de vacaciones a disfrutar de esos bellos paisajes, esa increíble música y la deliciosa comida. Extrañamos nuestra  gente linda, afectiva y su buen humor. Lo bien que se come. Esa gran variedad de frutas y flores, un colorido y disfrute para los sentidos. 

La tierra es la tierra ¡no  hay nada que hacer! Esos viajecitos por carretera  disfrutando de  nuestros platos típicos y de las paradas a comprar quesillo y dulces de leche de cabra. O si estamos en una zona de clima  frío, tomarnos un agua de panela caliente con queso y almojábana o un chocolatito y si el hambre apremia acompañado hasta de un  tamal.  Y que me dicen de pasar por la vaca que ríe  si venimos entrando a Bogotá después de un paseo en tierra caliente en esas ciudades vecinas a la capital, en medio de uno de nuestros tradicionales trancones pero disfrutando de un delicioso arequipe, mantecada, dulce de natas o un merengón … “Deli”  

O si estamos viajando por carretera por la costa y en medio de esas altas temperaturas, escuchamos un vallenato empezamos a cantar con todo el sentimiento y para refrescarnos  paramos a comernos una deliciosa patilla y a comprar alguna artesanía de las comunidades indígenas, como las hamacas, los sombreros vueltiao, Las mochilas arhuacas  etc.  O Por qué no disfrutar de una arepa rellena con huevo, o un suero costeño con  una yuca,  bollo limpio, patacón o plátano maduro y una carimañola  para completar… 

Si nos vamos a Santander, disfrutemos de su exótica gastronomía,  como las hormigas culonas, la diversidad de dulces, el cabro, mute santandereano y la pepitoria. Sus hermosos paisajes, por algo se le conoce a Bucaramanga como la “ciudad bonita”. Pero eso sí, ni se les ocurra ponerse a discutir con una santandereana por salen perdiendo y dañan el paseíto.


Nuestra controvertida y amada capital, Bogotá, con tantos lugares para visitar, como su colorida Candelaria llena de historia y cultura,  Monserrate con ese bello mirador,  las zonas T y la  G, la bohemia de la Macarena y  el Parque de la 93. Ir a comer al famoso Andrés Carne de Res por ejemplo, o disfrutar de los espectaculares restaurantes que están tanto en la ciudad como en los pueblo aledaños como Chía, Zipaquirá, Usaquén, Sopo, La Calera, entre otros. Estos lugares de película llenos de historia y de gente hermosa, Esas casonas de película y rodeados de la naturaleza. Se  contrastan desde las zonas más tradicionales, hasta lo más moderno de su arquitectura. Colombiano que se respete, disfruta desde una restaurante gourmet en la ciudad o sus alrededores, como también  de la tradicional fritanga o de una ensalada de frutas con crema de leche y helado en el mercado popular.

Museos, tertulias, galerías, lugares bohemios, la rumba, los platos típicos, la buena música, la solidaridad, el cariño de nuestra gente, las bromas, los paseos naturales, ya sea desde la tradicional acampada en las montañas, como el  típico paseo de olla al río.  Desde beber un  aguardiente que nos estremece el alma,  hasta un whisky-sito o  un ron  bien frío en la costa colombiana. Si nos ponemos a pensar existen cientos de motivos que fortalecen los  lazos que nos unen a nuestra tierra.

Escrito por: Mónica Sanabria

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