La maternidad no es tarea fácil, y mucho menos cuando a la ya titánica tarea de criar hijos se le suma el proceso de adaptación a una nueva cultura, clima, idioma y leyes. Ser madre en el extranjero es una aventura con muchos matices y está condicionada por la situación personal de cada familia: las razones que motivaron la emigración, su status legal, sus planes de retorno al país de origen, la nacionalidad del padre y las leyes de cada país. Si bien es cierto que cada caso es único, hay unos puntos básicos que las futuras madres deben tener en cuenta al vivir el proceso de embarazo y parto en el exterior.

1. Atención médica durante la maternidad y emigrar en embarazo

La atención prenatal es clave para identificar posibles complicaciones con el embarazo y solucionarlas a tiempo, especialmente si la futura madre está recibiendo tratamiento por algún tipo de afección. Si el viaje ocurre durante el embarazo, hay que asegurarse de los requisitos sanitarios del país de destino y cómo éstos afectan a la madre y el bebé; ¿es necesario ponerse alguna vacuna?, ¿hay alguna condición específica que pueda afectar el proceso de gestación y/o parto?, ¿cuáles son los trámites para obtener cobertura médica?, ¿es posible acudir a urgencias sin estar inscrito en ningún centro médico? Si el embarazo ocurre en el exterior, es necesario asegurarse de que el seguro médico cubra la atención médica prenatal. En caso de querer dar a luz en Colombia, es recomendable viajar antes de la semana 34 de gestación y esperar a que el bebé cumpla un mes para retornar.

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2. Costos médicos y servicios post-parto

Este es un periodo de alegría pero también de fragilidad tanto para la madre como para el bebé. El reajuste físico y emocional y la adaptación a las nuevas rutinas requieren especial cuidado y atención. Es necesario informarse previamente sobre el sistema de salud de cada país, pues mientras algunos ofrecen cobertura médica universal –Reino Unido, Canadá, Brasil o Chile- en otros supone grandes costos como en los Estados Unidos.

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3. Registro del niño y nacionalidad

Los hijos de padres o madres colombianos en el exterior pueden inscribirse en el consulado correspondiente al país de residencia, o presentar el registro civil del país de nacimiento debidamente traducido y apostillado en cualquier notaría de Bogotá. Colombia permite la nacionalidad doble o múltiple de sus ciudadanos y no exige a los extranjeros renunciar a su nacionalidad de origen en caso de solicitar la colombiana. Así lo permiten también otros países como Estados Unidos, mientras en otros existen restricciones o impedimentos que deben ser previamente consultados.

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4. Licencia de maternidad

Este es un tema clave si vas a ser madre en el extranjero; según la Organización Internacional del Trabajo (OIT), las licencias de maternidad no deberían ser menores a las 14 semanas, remuneradas con al menos dos tercios del salario de las madres. Sólo 34 países alrededor del mundo cumplen con esta recomendación, siendo los países europeos los que tienen los permisos más largos, y los de Asia y África los más cortos.

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5. ¿Cuánto cuesta ser madre en el extranjero?

Los gastos asociados a la manutención de un bebé son variables y dependen de los precios de cada país. Para elaborar un presupuesto básico se deben tener en cuenta el mobiliario, el vestuario, los gastos de higiene, los gastos de alimentación, los cuidados médicos y la guardería. También habrá que tener en cuenta una cantidad para imprevistos y celebraciones como bautizo y cumpleaños. Así que si ser madre está en tus planes de futuro inmediato, ¡más vale empezar a ahorrar y construir un patrimonio para tu familia!

Aunque estar lejos de familiares y amigos sea difícil, ser madre en el extranjero también es una oportunidad para disfrutar de la experiencia de vivir en otro país, e incluso acelerar el proceso de adaptación. El embarazo, el parto y los primeros meses de vida del niño son sólo el principio de la gran tarea de formar familia, pero los más decisivos a la hora de formar un vínculo entre padres e hijos; el siguiente paso será decidir cómo se educará al niño o niña para que saque el mayor provecho de crecer en un ambiente multicultural, sintiéndose plenamente identificado(a) con su país de nacimiento, pero sin olvidar las raíces de su familia.

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