“El inmigrante es el Ulises moderno”, ese héroe mitológico que pasa 10 años lejos, luchando por su tierra, y otros 10 sorteando obstáculos para poder regresar. En el mito se inspiraron varios escritores para relatar la experiencia agridulce de estar lejos de casa; y también lo hizo la ciencia para  designar un trastorno común en esta situación. El Síndrome del Emigrante o Síndrome de Ulises es un cuadro psicológico que afecta a los inmigrantes ante la soledad, miedo, estrés y tristeza que genera la situación de dejar el propio país y adaptarse a otro.

Según diferentes estudios, la depresión, ansiedad y estrés postraumático, manifestaciones del Síndrome del Emigrante, son los principales problemas psicológicos que afectan a la población inmigrante, especialmente a los indocumentados. El diagnóstico y tratamiento de estas afecciones se dificultan por la falta de información sobre clínicas confiables y económicas donde las personas puedan ser tratadas, o por los problemas de comunicación entre paciente y doctor al hablar sobre los síntomas.  

¿Qué es el Síndrome del Emigrante?

Ante el proceso de adaptación a una nueva cultura hay reacciones normales: la nostalgia por lo conocido, la tensión de enfrentarse a costumbres y situaciones nuevas y la preocupación por el futuro. Pero cuando estos sentimientos están presentes de forma permanente, o se acrecientan con el tiempo en vez de mitigarse, nos enfrentamos ante el Síndrome del Emigrante.  La depresión -descrita como un exceso de pasado- y la ansiedad -un exceso de futuro- son las principales características de este cuadro psicológico, que se manifiestan a través de los siguientes síntomas:

  1. Tristeza: cuando ésta es crónica, provoca ideas de incapacidad y falta de valor, causando una baja autoestima.
  2. Desengaño: cuando el lugar al que se llega es diferente de lo esperado, y las esperanzas y deseos iniciales se ven frustrados.
  3. Soledad: la separación de los seres queridos y el sentimiento de “no encajar” en el nuevo mundo pueden provocar aislamiento.
  4. Culpabilidad: cuando la persona se siente mal por haber “abandonado” a sus allegados e incluso se cree la causa de su propio fracaso.
  5. Tensión y nerviosismo: estrés crónico e incapacidad para pensar con cabeza fría.
  6. Deterioro físico: todas estas emociones pueden reflejarse en el plano físico, manifestándose en cansancio excesivo, cefaleas, falta de apetito, incapacidad para concentrarse, fallos en la memoria, desorientación temporal e insomnio, creando un círculo vicioso que hace más difícil salir de esta situación.

¿Cómo tratar el Síndrome del Emigrante?

Antes del viaje:

  • Para comenzar una nueva etapa es necesario cerrar la anterior y realizar el proceso de duelo. Una buena forma de hacerlo es a través de las despedidas, donde se pueden expresar los sentimientos y afirmarse en las decisiones.
  • Hablar con personas que han pasado por la misma situación o que ya están viviendo en el lugar de destino también ayuda a disminuir los miedos y a tener una visión más realista de lo que viene; los foros, blogs y redes sociales son una buena alternativa de investigación.

En el lugar de destino:

  • Hablar con los seres queridos es una forma de sentirse apoyado, pero no es recomendable hacerlo todo el tiempo; se debe buscar un equilibrio entre seguir conectado con amigos y familiares y crear nuevas redes de allegados. Las redes sociales, las iglesias, organizaciones de voluntarios e incluso grupos en internet como www.meetup.com son una buena forma de conocer personas y compartir experiencias.
  • Ver la nueva situación como una aventura y una oportunidad a la que no muchos tienen acceso. Es necesario sumergirse en la cultura, probar su comida típica, conocer sus costumbres, leer periódicos locales, explorar las calles y aprender el idioma. Es importante no estar comparando todo con lo que se dejó en el país.  
  • El ejercicio físico y los buenos hábitos alimenticios son importantes para liberar tensión, mantener la buena salud y evitar complicaciones.
  • Si al cabo de un tiempo la situación no mejora, lo más recomendable es acudir a profesionales de la salud para descartar otras enfermedades asociadas y realizar una terapia adecuada para obtener ayuda en el proceso de adaptación.

El proceso de adaptación a una nueva situación no es fácil, pero ante todo es preciso recordar los motivos que motivaron la migración y las oportunidades de vivir en un nuevo país; el enriquecimiento cultural, personal y/o profesional, la oportunidad de hacer nuevos amigos, la posibilidad de mejorar económicamente e invertir en un futuro mejor, y especialmente la nueva perspectiva que se adquiere de la vida. También es importante decidir cuándo terminar la aventura si las cosas no han salido como se quiere y se está pasando por una situación difícil o si simplemente ya se cerró esta etapa y es tiempo de iniciar una nueva.

¿Qué consejo le darías a aquellas personas que la están pasando mal en su nueva vida en el exterior?   

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